Tras caerse el duelo con España, la selección chilena tiene prácticamente amarrados dos amistosos internacionales en la fecha FIFA de junio: Arabia Saudita (4/6) y Portugal (8/6), en compromisos que se jugarían antes del inicio del Mundial 2026. Solo resta la firma final del contrato y la confirmación de sedes.
QUILÍN, SANTIAGO DE CHILE — jueves, 19 de febrero de 2026. Aunque Chile no estará en el Mundial 2026, la ANFP busca sostener un calendario exigente para mantener activo al equipo y probar variantes con rivales mundialistas. Según reportes que citan al diario La Tercera, La Roja tiene encaminados dos partidos en junio: el 4 ante Arabia Saudita y el 8 frente a Portugal, con un potencial reencuentro ante Cristiano Ronaldo. La operación se activa luego del “portazo” del amistoso con España, reconocido públicamente por Pablo Milad.
La hoja de ruta de la selección chilena suma un hito mediático y futbolístico: dos amistosos con selecciones clasificadas al Mundial en la ventana de junio. De acuerdo con la información difundida por medios nacionales, Chile jugaría el viernes 4 de junio ante Arabia Saudita y el lunes 8 de junio ante Portugal, a falta de la firma final del contrato y con sedes todavía por confirmar.
El rival europeo eleva el termómetro por historia reciente: el último cruce de alta intensidad entre ambos seleccionados fue la semifinal de la Copa Confederaciones 2017, un 0-0 que Chile resolvió por penales con una actuación memorable del arquero Claudio Bravo.
El contexto también importa: desde ANFP explicaron que el amistoso con España no se concretó por agenda y prioridades del rival europeo, lo que aceleró alternativas para no perder jerarquía en el calendario.
La señal es clara: sin Mundial, Chile igual quiere medirse en serio. Dos rivales mundialistas en junio —y uno de ellos una potencia europea— le devuelven sentido competitivo a una temporada donde lo más peligroso sería caer en la inercia. Si se concreta Portugal, será un examen de jerarquía: ritmo, presión y detalle fino, justo lo que más expone a una selección cuando no tiene eliminatorias encima.
Con sedes por confirmar y la firma pendiente, el mensaje ya está instalado: La Roja necesita jugar partidos que incomoden, que obliguen a sostener intensidad y que pongan a prueba decisiones técnicas, especialmente ante un rival que castiga cada error con oficio.
