Nicolás Córdova entregó la lista de Chile para los amistosos ante Cabo Verde y Nueva Zelanda con una convocatoria marcada por la baja del promedio de edad, varias apuestas del medio local y una ausencia de alto impacto: Erick Pulgar no fue citado luego de pedir no ser convocado. La nómina confirma una señal clara del ciclo: menos peso del nombre y más espacio para el presente y la proyección.

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 COMPLEJO DEPORTIVO JUAN PINTO DURÁN, SANTIAGO — lunes, 16 de marzo de 2026. La nómina de marzo no solo entrega nombres: también deja una idea. Nicolás Córdova oficializó la convocatoria de Chile para enfrentar a Cabo Verde y Nueva Zelanda en Auckland con una Roja que vuelve a bajar su promedio de edad y que abre espacio a futbolistas jóvenes que hasta hace poco parecían lejos del radar principal. En esa lista, además, apareció una noticia que hizo ruido por sí sola: Erick Pulgar quedó fuera porque, según reportaron La Tercera y AS Chile, el volante pidió no ser citado. 

Una Roja más joven, más amplia y menos aferrada al apellido

Chile enfrentará a Cabo Verde y Nueva Zelanda en la fecha FIFA de marzo con una lista de 26 jugadores que combina base internacional con un grupo de nombres emergentes del torneo chileno. Se destaca que el plantel tiene un promedio de edad de 24,5 años, la cuarta nómina consecutiva por debajo de los 25, una tendencia que no se veía de manera tan sostenida desde los primeros años del ciclo de Marcelo Bielsa. La señal de Córdova parece bastante clara: ampliar base, probar piernas nuevas y empezar a sacar a la Roja del inmovilismo generacional. 

La ausencia que más pesó: Pulgar

En una lista llena de apuestas, la gran ausencia fue Erick Pulgar. No se trató de un simple descarte futbolístico. El diario La Tercera reportó que el mediocampista del Flamengo fue considerado, pero pidió no venir. El dato es fuerte porque Pulgar sigue siendo uno de los chilenos con mejor cartel internacional y, en teoría, uno de los llamados a liderar esta etapa intermedia de la selección. Su ausencia, entonces, deja de ser solo una omisión y empieza a parecer una distancia más profunda entre el jugador y la Roja. 

Quiénes son las sorpresas de la nómina

Si uno mira la lista completa, los nombres que mejor representan el giro de Córdova son Diego Ulloa, Felipe Faúndez, Ian Garguez, Felipe Ogaz y Benjamín Chandía. Todos son jóvenes, casi todos vienen del torneo local y ninguno llega por arrastre mediático. Llegan porque la selección está buscando aire en puestos donde Chile dejó de producir con regularidad, sobre todo en laterales, mediocampo mixto y extremos. La pregunta, entonces, no es solo quiénes son, sino si realmente se merecen este llamado. Y, viendo sus fichas y rendimiento reciente, la respuesta general es que sí, aunque con matices. 

Diego Ulloa: una convocatoria lógica más que sorpresiva
Diego Ulloa, lateral izquierdo de Colo-Colo, tiene 22 años. El jugador del Cacique en su último partido ante Audax Italiano recibió nota 7,3. No llega como figura rutilante, pero sí como lateral joven con minutos en un club grande, perfil zurdo y condiciones en una posición donde Chile lleva años parchando. Su presencia no parece una extravagancia: parece una citación sensata. Si Córdova quiere reconstruir laterales, Ulloa tiene lógica de proceso. 

Felipe Faúndez: apuesta de proyección con respaldo competitivo
Felipe Faúndez, lateral derecho de O’Higgins, tiene 19 años, y ya aparece consolidado como una de las piezas jóvenes con mayor proyección en su club, y el llamado se entiende: es un lateral diestro de recorrido, con roce profesional temprano y margen de crecimiento. No llega como futbolista terminado, pero sí como una apuesta coherente para un amistoso donde precisamente lo que se busca es ampliar el radar competitivo. Es, más que una solución inmediata, una inversión futbolística. 

Ian Garguez: probablemente la sorpresa mejor justificada
De todos los nombres nuevos, Ian Garguez parece el más fácil de defender. Lateral derecho titular de Palestino, con solo 21 años el llamado se sostiene porque llega en una posición escasa y con rendimiento suficientemente competitivo para ser observado de cerca. Si la Roja quiere salir del círculo de improvisación en los costados, Garguez tiene el perfil exacto de jugador que vale la pena probar: joven, con club estable y sin el peso todavía tóxico del historial largo en selección adulta. 

Felipe Ogaz: menos ruido, más argumento futbolístico
Felipe Ogaz es, probablemente, el menos mediático de este grupo, pero también uno de los que mejor representa lo que parece estar buscando Córdova. Mediocampista central de O’Higgins, con solo 22 años en su último partido ante Universidad Católica recibió nota 6,8. No entra por estridencia ni por highlights virales: entra por estructura. Es un volante joven, funcional, que puede ayudar a reconstruir una zona del campo donde Chile necesita lectura, energía y recambio real. Si la Roja va a resetear su mediocampo, este tipo de nombre tiene sentido.

Benjamín Chandía: la citación más discutible, pero no caprichosa
Benjamín Chandía, extremo de Coquimbo Unido, zurdo de 23 años. Ahora bien: su llamado es más debatible que el del resto. No porque carezca de condiciones, sino porque su rendimiento reciente no parece tan concluyente como para volverlo una obligación de nómina. Aun así, su perfil también encaja en lo que intenta Córdova: ampliar variantes ofensivas por banda, meter futbolistas con cambio de ritmo y observar extremos jóvenes fuera del grupo más repetido. Es una apuesta más opinable, pero no arbitraria. 

¿Se merecen la convocatoria?
En términos generales, sí. Garguez, Ulloa, Faúndez y Ogaz parecen respaldados por una mezcla razonable de edad, puesto, contexto competitivo y proyección. Chandía es el más discutible, pero igual entra en una lógica de observación más que de consagración. La nómina no está armada para cerrar debates, sino para abrir un proceso. Y ahí está el punto central: Córdova no está llamando solo a los mejores del fin de semana, está intentando definir quiénes pueden sostener a Chile cuando el recambio deje de ser discurso y tenga que convertirse en estructura.

La nómina de marzo deja dos conclusiones fuertes. La primera: la Roja empieza, por fin, a despegarse de la dependencia automática respecto de ciertos apellidos y abre espacio a jugadores que todavía no arrastran el desgaste de los procesos fallidos. La segunda: el caso Pulgar muestra que el problema generacional no es solo futbolístico, también es de vínculo, disposición y sentido de pertenencia. Córdova viaja a Auckland con una Roja joven, incompleta y todavía experimental, pero al menos con una idea reconocible. Y en la selección chilena de los últimos años, eso ya no es poco.