En la noche final del Festival de las Artes y la Cultura Víctor Jara, el cantautor llegó por primera vez a la comuna y armó un concierto que mezcló repertorio propio con un bloque dedicado al autor de Luchín. Entre anécdotas, guiños al norte salitrero y un llamado por el derecho al agua, el público cantó a coro clásicos como “Te recuerdo amanda” y la obra de Patricio Manns “El cautivo de Tiltil”.

Nano Stern en el escenario del Festival Víctor Jara Taltal 2026, durante su presentación homenaje al cantautor chileno.

TALTAL —  lunes, 2 de febrero de 2026. No fue un cierre de fuegos artificiales, sino de memoria. La última jornada del Festival Víctor Jara en el paseo principal de la comuna tuvo un pulso íntimo: Nano Stern, en su primera visita a Taltal, convirtió la plaza en un pequeño anfiteatro donde la obra de Jara se escuchó como si hubiese nacido aquí mismo —entre el desierto, el viento y la conversación directa con la gente—. Antes, el músico Benja, desde Chañaral, abrió la noche con canciones marcadas por la pérdida y la idea de renacer.


El cierre: un concierto con relato, no solo repertorio

La escena fue simple y efectiva: un escenario en el centro del espacio público, vecinos acercándose por tandas, y el animador Mario Castillo insistiendo en la idea de “una noche distinta” para un festival que —según se repitió desde el micrófono— suma más de dos décadas de continuidad en Taltal.

Stern entró sin solemnidad impostada. Agradeció el viaje “por el desierto” y dijo haberse enamorado de este “rincón de Chile” que, a su juicio, sigue siendo “desconocido injustamente”. También subrayó el peso simbólico del marco: cantar “bajo el amparo” de Víctor Jara.

Ese tono —conversado, casi de fogón— fue clave. En su set hubo espacio para canciones propias que funcionan como manifiesto (“Aún creo en la belleza”, repetida como declaración de principios) y para un giro hacia Jara que no se sintió como “segmento tributo”, sino como continuidad.


Víctor Jara en clave norte: “El pimiento” y el salitre como telón de fondo

Cuando llegó el momento de Jara, Stern no se limitó a tocar: contextualizó. Presentó “El Pimiento” como un huayno que Jara dejó semi-grabado y lo conectó con la historia de la pampa y los movimientos de trabajadores ligados al ciclo del salitre: “aquí mismo, donde estamos ahora reunidos”, dijo, antes de echar a andar la canción.

El gesto no es menor: en festivales, la obra de Jara suele quedar encapsulada en el repertorio “clásico”. Aquí, en cambio, apareció amarrada al territorio.

Luego vino “Luchín”, precedida por una de las postales más potentes de la noche: Stern contó que, tras grabar en 2023 un disco homenaje a Jara (en colaboración con la Fundación Víctor Jara y la USACH), recibió un mensaje directo de quien dice ser el “Luchín real”. La anécdota —con humor, sin morbo— terminó en una conclusión precisa: las canciones de Jara no solo sobreviven; “viven en medio de nosotros”.


Coros, palmas y un mensaje contemporáneo: el derecho al agua

El concierto no se quedó en la evocación. Hubo una bajada al presente cuando Stern dedicó una canción “a la gente en Chile que lucha por el derecho al agua”, recordando la paradoja del desierto: valles sin agua y minería funcionando. En esa parte, el show se volvió participación: palmas marcando el pulso y un coro fácil para que el público entrara (“va corriendo el agua clara”).

También aparecieron otros momentos compartidos: “Te Recuerdo Amanda”, con ese aire de himno que no necesita explicación, y “El cautivo de Tiltil”, cantada en bloque junto a un invitado en percusión (cajón peruano), buscando que el “pocos pero buenos” se transformara en volumen real.


Apertura regional y reconocimiento en escena

Antes del número central, Benja abrió el espectáculo con un set de raíz folclórica y temas propios. Presentó canciones como “Semilla” y habló de pérdidas —de la tierra, de lo que se intenta callar—, insistiendo en una idea que dialogó con el espíritu del festival: la semilla que siempre busca volver.

Al final, como manda la liturgia local, vino el reconocimiento sobre el escenario. Stern recibió un galardón de manos de la organización y Javiera Silva subió para formalizar el cierre. La despedida bajó el tono épico y subió el tono humano: agradecimientos al equipo técnico (“los primeros que llegan, los últimos que se van”) y una última canción en clave festiva para irse con el cuerpo liviano.

El cierre del Festival Víctor Jara en Taltal no apostó por el golpe efectista: apostó por la continuidad. En una plaza del norte, Víctor Jara volvió a sonar sin museo y sin vitrina: contado, explicado y cantado como algo que todavía tiene tarea. Y Stern —más anfitrión que estrella— entendió que, en noches así, el repertorio importa tanto como la manera de decirlo.

Nano Stern posa con asistentes y organizadores junto al pendón de la Agrupación Cultural Víctor Jara Taltal, tras el cierre del festival 2026.